Diario a bordo
Día 3
¡Buenos días! Hoy comenzamos una nueva historia contada desde un extremo de España a otro.
Empezamos por el sur… yo soy Ana, tengo dieciocho años y
vengo del sur de Murcia, un pueblo
costero llamado Águilas. Venía con muchos nervios e incertidumbre de cómo sería
todo esto, las personas con las que nos íbamos a encontrar, etc. Y que deciros,
¡son geniales! Nos acogieron como si fuéramos sus amigos de toda la vida. Así
comenzábamos el tercer día, con muchas ganas de conocerlos más y de disfrutar
con ellos de esta gran experiencia.
Continuamos la ruta un poco más arriba, por el Norte… Me
llamo Itzi, tengo veinte años y vivo en un pequeño pueblo de Vizcaya llamado
Las Arenas. Siempre he querido conocer los mundos tan diversos a los que
pertenecemos las personas. Esta ocasión ha sido una gran oportunidad para
comenzar a hacerlo. Al principio, los nervios y el desconocimiento por la
situación inundaban mi cabeza. Pero poco a poco están desapareciendo… y todo
gracias a ELLOS.

Y nos desplazamos hacia una zona muy calurosa, pero llena de
ilusión, de emociones y ganas de aprender. Comenzaba el tercer día en San Gil
con Alicia asignando actividades diferentes a cada voluntario y usuario, siempre
trabajando en equipo. Entre mobiliario por aquí, mobiliario por allá, el
trabajo en la finca sigue avanzando viento en popa. SÍ SÍ… ese mismo viento
entre los cantos de Gregoria, la energía de Javi y las risas de Lorenzo, fue el que les llevo a
otros compañeros a la residencia, a crear un espacio único y adecuado para su
ocio. Donde otras voluntarias disfrutaban de un taller de manualidades,
plasmando el amor a través de corazones de cartulinas. Un amor que llegó a
oídos de un periodista, queriendo así expresarlo al mundo.
Tras mucho trabajo, llegó el momento que tanto estábamos
esperando, sobre todo lo notábamos en
nuestros estómagos después de todo el trabajo… ¡la comida! Una comida muy
especial ya que fue la primera vez que la compartimos con ellos.
El día continuaba como si nunca se fuera a terminar…
comenzábamos a adentrarnos en el valle, donde había agua, árboles, piedras,
humedad… y mucha tranquilidad, ¿dónde estábamos? ¿dónde nos metimos? ¡En el
Valle del Jerte! Disfrutando del fresquito en este calor de Extremadura. Menos
mal que estaban ellos para animarnos a bañarnos, a pesar de las dificultades y
lo fresca que estaba, ¡vaya valientes!
Después del baño, nos fuimos a conocer Plasencia, con un
guía turístico magnífico. Entre conversaciones, besos, risas y abrazos
descubrimos todos juntos este lugar.
A pocos días de luna llena, los voluntarios y usuarios
decidimos hacer un picnic en un lugar muy acogedor llamado Isla, donde nos
explicaron la atención que necesitaba cada uno a la hora de comer fuera, una
gran aventura para terminar otro día lleno de momentos muy especiales para dar
fin a esta historia.
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